Mar. Jul 7th, 2020

Más de 400 mil menores de edad engrosan filas del crimen organizado

En México hay cerca de 460 mil niños y adolescentes en las filas del crimen organizado aunque muchas veces de manera forzada, Alfonso Durazo, próximo secretario de Seguridad en el gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

De acuerdo al futuro funcionario gran parte de estos menores trabajan como “halcón” de grupos delincuenciales aunque reconoció que muchas de las veces son reclutados de manera forzada.

«Diversas organizaciones sociales estiman que hay en el país alrededor de 460 mil niños ‘halcones’, armados hasta los dientes, y yo les digo a ustedes que no podemos dejar a esos niños como horizonte de vida una vida de criminalidad”, explicó.

A lo largo de su participación en diversos foros de pacificación, Durazo ha explicado la cruda realidad que viven varios sectores del país como campesinos, mujeres indígenas y niños o adolescentes que son reclutado por el crimen organizado aprovechando las condiciones de marginación pero también de manera forzada.

Por ello consideró que la amnistía que ha ofrecido el presidente electo Andrés Manuel López Obrador va encaminada a varios de estos segmentos de la población sobre todo para el sector de niños y adolescentes que son las nuevas generaciones de mexicanos.

«No podemos dejarlos así. No podemos ofrecerles como horizonte de vida una vida de criminalidad. Tenemos que rescatarlos”, asevera.

En el informe “Violencia, niñez y crimen organizado”, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), advierte que el crimen organizado tiene un impacto en la vida de muchos pueblos donde los niños y adolescentes, sobre todo los marginados, son los más vulnerables a este tipo de situaciones.

La relatora de la CIDH sobre los Derechos de la Niñez, Esmeralda Arosemena de Troitiño, explica que la criminalidad común surge en lugares donde el Estado se encuentra ausente como por ejemplo donde hay falta de servicios básicos, posibilidades de educación o pobreza estructural.

Explica que tanto México como Honduras o Guatemala están clasificados como los territorios más violentos a nivel mundial, donde las tasas de homicidios entre jóvenes son muy altas.

Detalla que las políticas públicas para la población menor de edad se centran en programas para la primera infancia, de uno a seis años, en la que se promueve su pleno desarrollo, sin embargo, cuando alcanzan los 10 o 12 años de edad, viven esa pobreza, exclusión, discriminación, falta de respuestas, educación, y servicios básicos que tienen que resolverla de alguna manera y entonces es cuando entra el crimen organizado y los convierten en sus ejércitos.

Relata que para el crimen organizado mantener ese ejército de niños y adolescentes les cuesta muy barato además de que hay un alto grado de impunidad pues muchas veces son inimputables penalmente por lo cual pueden salir libres en poco tiempo.

“Los adolescentes reclutados son desechables, no es que quieran que hagan una carrera criminal, no es que estén buscando que se conviertan en los nuevos capos o que les estén enseñando nuevas técnicas de secuestro sofisticado parara que crezca el negocio;, los usan porque es instrumental en ese momento, porque si algo les sucede no tienen responsabilidad frente a nadie y porque hay impunidad, tan es así que en cada 100 carpetas de investigación en donde un niño, niñas o adolescentes es víctima, sólo tres alcanzan sentencia condenatoria», explica ó Juan Martín Pérez García, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim).

En su informe, “Adolescentes, vulnerabilidad y violencia”, la CNDH advierte que cuando los adolescentes traumatizados violan las leyes y se involucran en actividades delictivas, incluso de manera repetida, ellos aun necesitan y merecen la ayuda por parte de los adultos.

“Los sistemas deben tener la capacidad para reconocer la pesada carga que algunos niños y adolescentes llevan, y ayudarlos a transitar hacia una adultez saludable y productiva, proveyéndoles servicios que tomen en cuenta los daños que les ha provocado el haber estado expuestos a la violencia. Con mucha frecuencia los sistemas de justicia se apoyan en respuestas punitivas y hacen juicios que resultan tan dañinos como inefectivos para los adolescentes infractores”, establece.

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